¿QUÉ SOY?

Siempre intentando buscar lo que me produzca la sensación de ser yo mismo. En la música, en el conocimiento… Mi sed es inabarcable.

Soy un ser tan complejo y simple a la vez…

Soy un montón de piezas de un rompecabezas que necesitan ser encontradas, analizadas, montadas y destruidas.

Desde niño, me miro en el espejo y me hago tan interesante pregunta.

Puede que siempre haya tenido claro cuál es mi esencia. Sin embargo, el resto de los factores que me conforman como ser humano son incontables y mutables.

ESENCIA

Después de investigar tanto en mí mismo, de experimentar tanto, conseguí averiguar que mi esencia es, quizá, el amor. Aunque ese concepto, subjetivo, tampoco me representa en su totalidad. Porque… ¿Qué es el amor?

Para mí, amar es alegrase de estar vivo y de todo lo que está vivo. Incluso de las ideas, de la imaginación… De todo lo que ha sido, es y será creado. Del descubrimiento, del aprendizaje, de poder sentir.

Entonces, mi esencia sí es el amor.

VARIABLES DE MÍ MISMO

Pero el amor, siendo mi esencia, no es todo lo que soy. Soy, además, un conjunto de sensaciones y de ideas que parten de ese amor; de esa alegría por la misma vida. Y estas son completamente variables según el momento en el que me encuentro.

  1. Sentimiento metafísico

Este es, sin duda, uno de los rasgos de mí mismo que más varían. Y, puede que uno de los más importantes en cuanto a la alegría que me aporta.

A lo largo de los años he investigado la metafísica en profundidad. Sobre todo, el concepto de dios que parte de la sensación producida en todo mi cuerpo cuando entro en los llamados «lugares sagrados» o escucho la «música religiosa».

Durante periodos de mi vida en los que estaba enfadado con esa parte de mí, herido, me sentía vacío; me faltaba algo. Ahora he descubierto que es importantísima para mi felicidad.

Sin ese sentimiento, sin lugar a duda, me siento incompleto.

  • Sentimiento de orden/ caos

            La caótica necesidad de ordenar y desordenar todas mis ideas y, por consiguiente,

            todo lo que soy, es un gran quebradero de cabeza para mí.

            Cuando me tengo que dejar llevar, todo se descoloca, incluso parece destruirse.

            De hecho, siento que yo mismo me destruyo. No obstante, mediante un proceso

            por el que transito el odio, el deseo exacerbado y casi todas las emociones que

            muchos calificarían o etiquetarían como «negativas», vuelvo a encontrar mi

            esencia.

            A partir de ese momento tan fundamental, vuelven a nacer los demás

            sentimientos/ideas que me conforman como individuo; como David López Capón.

  • Sentimiento creativo

En ese instante crucial en el que vuelvo a sentirme «yo mismo», necesito expresarme. Aunque también es variable, a diferencia del resto de rasgos, esa variabilidad no es tan acentuada.

El «arte» es la manera por la que los seres humanos solemos expresar, generalmente, los procesos por los que estamos pasando. El conjunto de sentimientos e ideas que van surgiendo de nuestra experiencia como seres vivos.

En mi caso, la escritura y la música son mis formas de expresión; y también la vía mediante la que se vuelven a organizar todos los rasgos que me definen.

  • Sentimiento de fortaleza

Sentirme fuerte también es un rasgo de mí mismo muy variable. Pero, a su vez, tremendamente importante. Necesito, aunque sin mucho reflexionar, me parezca una paradoja; sentirme fuerte para amar.

¿Por qué?

Pues porque, en nuestra interacción con los demás seres vivos ―que están pasando, seguramente, por el mismo proceso «constructivo/destructivo»―, se generan esas emociones «negativas» que he citado antes. Sin ellas, parece imposible recuperar la necesidad de encontrar, de nuevo, el amor.

Sin embargo, hay que afrontarlas, sufrirlas, vivirlas… Para darse cuenta de que, si uno quiere ser feliz, necesita amar. Es decir, sentir alegría por todo lo vivo.

Durante la escritura de este texto he culminado uno de esos momentos ―orden/caos―.

Espero que, al leerlo, os podáis dar cuenta de que sin el AMOR es imposible vivir.

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BUSCANDO EL EQUILIBRIO

El mundo, con todos sus habitantes, está cambiando.

Es una obviedad.

Los veranos ya nunca serán como habían sido; ni los mares…Ni las personas. Nada parece ser ajeno a este cambio tan espectacular.

Lo que sí parece es que la tierra se ha enfadado. Y mucho. Y con razón.

Se supone que nosotros, los seres humanos, con una «inteligencia superior», somos capaces de ingeniar artilugios, de encontrar las ideas necesarias para el bien de nuestro entorno. En cambio, lo único que hacemos es destruir.

Destruimos el planeta, llenamos de basura el espacio y sembramos el caos entre nosotros mismos. Incluso, somos capaces de destruir nuestra propia mente…Nuestro propio cuerpo.

Pero, en fin, esa es nuestra naturaleza: la dicotomía. Siempre intentando encontrar el punto medio, el equilibrio. Siempre intentando reconstruirnos tras el huracán.

No obstante, esta vez parece que no hay vuelta atrás para nuestro planeta. Ni, por supuesto, para nosotros: la humanidad.

Nadie sabe lo que nos espera. Pero es evidente que el cambio de paradigma es un hecho.

En cualquier caso, ¿quiénes somos para juzgar un paradigma? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a los demás? ¿Quién posee la verdad?

Absolutamente nadie.

Por mucho que los amantes de las conspiraciones ―y los que no lo somos―, nos empeñemos en encontrar un sentido a todo lo que sucede, no tenemos ni una ligera idea de lo que es hallar el equilibrio para un mundo que está cambiando. Para una sociedad que está cambiando. Para un individuo que está cambiando.

Creemos saber de política, de filosofía, de psicología…Y, en realidad, no sabemos nada.

Después de años reflexionando, experimentando y especulando; resulta que todo cambia. Que todo lo aprendido sirve más bien poco.

Lo único que podemos hacer es nada y todo.

NADA Y TODO

Porque cada uno de nosotros, en su proceso vital, adquiere una percepción de la realidad.

Bastante tenemos con buscar ese equilibrio dentro de nosotros mismos como para también influir en los demás y que hallen el mismo equilibrio, si es que alguna vez se encuentra.

Y es que somos tan limitados que ni tan siquiera nos damos cuenta de que nuestro punto de vista es tremendamente angosto. Por ese motivo, discutimos sobre absolutamente todo.

Sin embargo, ¿no es esa la única manera de encontrar un poco de verdad?

Ampliar la percepción individual es un trabajo profundamente complicado y con muy pocas recompensas. Lo que conduce a un desequilibrio. Y, posteriormente, a desestabilizar también nuestro entorno. Entonces…¿Cómo se puede equilibrar uno?

Es más, ¿cómo se equilibra cualquier ser vivo?

Creo que la respuesta solo la encontraremos si seguimos viviendo.

Es decir, por mucho que nos empeñemos en cambiarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno, todo tomará el tiempo necesario. Y, cuando parezca que hemos encontrado ese equilibrio perfecto, TODO volverá a cambiar como si no hubiéramos hecho NADA.

En eso, creo, que consiste la vida: buscar siempre el equilibrio. Porque, al fin y al cabo, todo está en movimiento perpetuo ―incluidos nosotros mismos―.

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