Los jóvenes de hoy, en su mayoría, están sometidos a la sencillez, y así se manifiesta en sus expresiones culturales más populares.

Sus modelos para seguir son personas con una formación casi nula que consiguen, por medio de unos determinados recursos, llegar a millones de personas e influenciarlas, me atrevería a decir que incluso a modificar su carácter.

La libertad, quizá, está siendo malinterpretada o quizá esté llegando a su punto álgido, a pesar de que algunos comunicadores se empeñen en decir que nuestros derechos están siendo cercenados. La cuestión es si la sociedad debe establecer una definición objetiva de la misma.

Claramente vemos cómo políticos de todas las ideologías utilizan LA PALABRA para ganar votantes.

A mi modo de ver, el ciudadano libre tiene que actuar, pensar y sentir como le venga en gana. Obviamente, sin dañar en el proceso a ningún otro ciudadano.

Por lo tanto, ¿qué debemos hacer? ¿Llegar a un consenso, o dejar que cada individuo se exprese de la forma y modo en que desee, aunque conlleve un perjuicio para el resto de la sociedad? Un perjuicio, también y totalmente subjetivo, claro está.

CIUDADANOS LIBRES

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